La Oratoria y la Retórica:
Orígenes y generalidades:
La oratoria es el arte de hablar con elocuencia en público, mientras que la retórica es la ciencia y el arte de dar al lenguaje escrito o hablado la suficiente eficacia para deleitar, persuadir o conmover.
La afición de los griegos a la oratoria, enriquecida por las especulaciones filosóficas, encuentra el marco adecuado en las nuevas formas socio-políticas que, tras las tiranías, se organizaron como regímenes democráticos. Uno de los fundamentos básicos de la democracia es la παρρησία, es decir, el derecho de todo ciudadano a exponer libremente su opinión en las asambleas, tribunales y otras actividades sociales.
Todos los tratadistas antiguos estaban de acuerdo en que la primera aparición de la retórica como arte se dio en la ciudad siciliana de Siracusa, de donde pasó a Atenas en el 427 a.C., por obra de Gorgias. Independientemente de este hecho, la vida política y social había desarrollado en Atenas una tradición de elocuencia. Había también una elocuencia sólo hablada y en gran parte improvisada. Después, con el doble estímulo de una tradición cultural y una preceptiva de origen siciliano, se organiza la oratoria como arte, y por eso de carácter literario, y por escrito tras su anterior etapa oral.
En la época de Pericles y especialmente durante la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), confluyen en Atenas una gran cantidad de personajes procedentes de todo el mundo helénico. Los Sofistas fueron quienes, fundamentalmente, llevaron a término una verdadera revolución cultural. Había una serie de elementos comunes a todos ellos:
Es a partir de la Sofística cuando la Gramática entra en el mundo de la educación; tenía como finalidad la corrección y propiedad en el uso del lenguaje.
En los discursos de Gorgias se encuentran ya los principales elementos que después aparecerán en tantos y tantos discursos fúnebres y laudatorios, comenzando de este modo a constituirse un corpus de tópicos. Al convertirse la oratoria en un producto artístico, toda la prosa quedó impregnada de elementos retóricos; incluso la poesía y, sobre todo, el teatro se vieron influidos por este nuevo arte.
En Atenas había muchas ocasiones para el desarrollo de la oratoria, sobre todo de la oratoria política. En un régimen democrático, en el que cada ciudadano tenía libertad de palabra e igualdad de derechos, la función de la elocuencia resultaba decisiva, especialmente cuando el pueblo ateniense, muy sensible al encanto de la palabra, había sido educado por las recitaciones de los aedos, las lecturas públicas, las discusiones sofísticas y las representaciones teatrales. Aristóteles clasificó la oratoria en 3 géneros:
a) Oratoria política o deliberativa
b) Oratoria judicial o forense
c) Oratoria de demostrativa o epidíctica
Demóstenes, Lisias e Isócrates fueron, respectivamente, los representantes más destacados en los tres tipos de oratoria.
A.- Oratoria judicial: Lisias:
Los discursos forenses eran escritos por profesionales para que los pronunciaran los propios interesados. A estos profesionales se les denominó logógrafos. El primero en iniciar esta actividad fue Antifonte de Ramnunte, quien parece que dio el esquema que sirvió de base a los posteriores discursos judiciales. Las partes del discurso son las siguientes:
a) Proemio o introducción (exordium); incluye la captatio benevolentiae.
b) Narración de las circunstancias y exposición de los hechos (narratio).
c) Exposición del tema (constitutio causae).
d) Presentación de los argumentos (confirmatio).
e) Refutación de los argumentos del adversario (refutatio).
f) Ampliación y digresión (amplificatio).
g) Peroración o discurso conclusivo (peroratio).
La oratoria forense alcanza su cima con Lisias. Era meteco, oriundo de Siracusa, nacido en el seno de una familia muy rica. Recibió en Atenas una educación muy cuidada. Era partidario de los sectores democráticos y a los 55 años, para mantenerse, tuvo que dedicarse a la actividad de logógrafo. Se conservan una treintena de discursos de los 233 que escribió (el núm. XII, Contra Eratóstenes, lo pronunció personalmente).
En Lisias se reconoce fácilmente la precisión y sutiliza de su interpretación jurídica, la oportuna selección y valoración de testimonios, la habilidad dialéctica de su argumentación, la capacidad de centrar el punto jurídico de la causa y presentarlo con absoluta claridad. Lo que es más admirable en él es la extraordinaria facultad de crear un personaje y de darle sentimientos, palabras, gestos, etc.… todo perfectamente de acuerdo con la condición real de su cliente. Como lo exige su finalidad, la elocuencia de Lisias se basa en los hechos; se expresa con sencillez, sin adornos: pureza de la lengua ática, sencillez de la frase, claridad de conceptos y exposición de los hechos, período pulido y conciso y estilo llano.
B.- Oratoria política: Demóstenes:
El máximo representante de este género, y también el mayor orador de la antigüedad, fue Demóstenes (384-322 a.C.). A los 18 años aprendió de Iseo, orador y discípulo de Isócrates, los preceptos de elocuencia judicial para obligar a sus tutores a devolverle su patrimonio. Pero tuvo que ganarse la vida como logógrafo. A los 30 años publicó su primer discurso político. Por esta época, Filipo II de Macedonia, en su incontenible expansión, trataba de someter a todos los griegos. Demóstenes militó en las filas de los que querían preservar las tradicionales libertades políticas de las poleis griegas. Desde el año 351 a.C., y durante una década, Demóstenes fue el alma de la oposición a Filipo. En estos años escribió 4 violentas arengas, conocidas por el nombre de Filípicas; con ellas consiguió que los atenienses concertaran alianzas con los tebanos para enfrentarse a Filipo, pero en la batalla de Queronea del 338 fueron aplastados por los ejércitos macedonios. Por sus méritos con la patria se propuso conceder a Demóstenes una corona de oro; su rival político, Esquines, se opuso y en el proceso que se celebró años después (330) y que es bien conocido gracias al magistral discurso Sobre la corona, se le ofreció la oportunidad de dar un repaso a toda su carrera política. Tras la muerte de Alejandro Magno (323) revolucionó al pueblo contra los macedonios. Demóstenes, derrotado y condenado a muerte, prefirió suicidarse con veneno antes que caer en manos de los macedonios.
Los antiguos y modernos lo han considerado como el orador más importante; ninguno le aventajó en la fuerza de su πάθος, la violencia de su invectiva y la vehemencia encendida de la expresión en la que vibran sus sentimientos. Demóstenes conquista y arrebata al oyente no por la seducción de la palabra como tal, sino por atraerlo mediante la persuasión. El estilo de Demóstenes sintoniza muy bien con lo que dice, lo cual no implica que no exista elaboración ni estudio previo; al contrario, a pesar de la impresión de sinceridad y de espontaneidad que deja en el oyente, revela un atento estudio y un gran cuidado. Es un estilo vigoroso y severo.
Pero si todos están de acuerdo en la excelencia del orador, como hombre político ha sido motivo de discrepancias. Unos lo han visto como un hombre fuera de su tiempo, otros lo consideran un político ingenuo. Pero no han tenido en cuenta la realidad histórica que condicionaba la actitud del orador. En el momento en que Atenas desaparece de la historia, Demóstenes entrega al futuro un testimonio de grandeza moral, de coherencia y dignidad, que atrae al menos el respeto de todos.

C.- Oratoria demostrativa: Isócrates:
Este tipo de oratoria está peor representado que los dos anteriores, aunque es muy popular y conocido en el s.V a.C: por su vinculación a las grandes solemnidades públicas. Su mayor cultivador fue Isócrates (436-338). Fue discípulo de importantes sofistas, como Gorgias. Ejerció la logografía durante la primera década del s.IV. Creó una famosa escuela de retórica donde surgió toda una pléyade de grandes personalidades, no sólo literarias, sino también políticas. La actividad de Isócrates debe ser contemplada en la doble faceta de ensayista político y de maestro y teórico de retórica.
Su interés por la política comienza con el Panegírico (380), discurso ficticio para ser recitado en los juegos olímpicos. En él se muestra partidario de que Esparta y Atenas dirijan una gran confederación contra el enemigo común, el imperio persa. En el 357 escribió el Areopagítico, donde retoma el tema del panhelenismo, de la hegemonía de Atenas y de la lucha contra los persas. Ahora bien, como las condiciones externas e internas de Atenas imposibilitaban la empresa, se volvió entonces hacia Macedonia, donde el rey de la cual, Filipo, había consolidado su imperio. Isócrates vio en él el caudillo soñado durante tanto tiempo. Testimonio de esto es el Panatenaico (339), publicado muy poco antes de su muerte, y que constituye algo así como su testamento político.

Fue el padre de una παιδεία más realista y accesible que la de Platón, y más literaria que la de Aristóteles, y que constituyó el núcleo de la enseñanza retórica. El programa teórico de su enseñanza se expone en Contra los sofistas (390), manifiesto de su escuela en contra de sus rivales, de los que se distinguía porque colocaba la elocuencia al servicio de nobles ideales cívicos y políticos, frente a la indiferencia ética y el relativismo sofístico de sus contrarios.
Isócrates fue, quizás, el pensador político más influyente del s.IV, pero sobre todo fue un gran artista de la prosa griega a la que llevó al más alto grado de perfección, siguiendo la tradición de su maestro Gorgias, y la dotó de una estructura con ritmo propio, mezcla de poesía y prosa. Es una prosa auténticamente musical y poética. Considerando la evolución posterior de la retórica, tanto griega como latina, se apreciará en su justa medida la enorme importancia de Isócrates en este campo.